La bitácora del peligro #2.12/14



"¡Despierten Mexicanos! ¡Despierten! No se crean lo que les cuenten.."
- Voz de justicia de Hipólito Mora



Diciembre, árboles de Navidad, ropa de clima frío, gente con la esperanza en los comerciales de las tiendas a donde irán a surtirse de ilusiones, una vez más.
Martes, a una semana de noche buena, sin arbolito, ni botas, ni ánimo me pongo a escribir desde muy temprano. El aire helado no quiere que me levante de la cama, las letras no quieren ser soltadas.
3:00 P.M. se hace tarde, no quiero llegar tarde al trabajo. Me baño, con agua fría, y mi cuerpo piensa al salir de la regadera que el sol por la ventana me abraza cálido de nuevo. Me visto, preparo mi mochila, necesito comer, voy a la cocina, preparo un sandwich con lo que encuentro. Un poco de tocino, miel, elote, champiñones, queso manchego, chipotle.. Rico. Hago dos más para llevármelos. Todo listo, me voy.
Cierro bien la puerta de la casa, y la del cancel. Espero que no llueva, mamá dejó ropa a secar en la terraza. Corro, no quiero llegar tarde. Siempre corro, de por sí, tarde o a tiempo. Qué cosa el tiempo.
Me agoto, cinco cuadras y agotada.. ¿Por qué nunca traigo algo de agua? No paso a la tienda a comprar agua, nunca lo hago, me parece una de las compras más tontas que podría ocurrirse me hacer.
Atravieso el parque y llego a la esquina en que Don Samuel vende sus dulces en la silla de ruedas.
 - ¿Ya comió?
Le pregunto tratando de recuperar un poco de aliento.
 - No.
Dice con su biblia entre las manos.
No sé cuando dejaré de preguntar cosas de las que ya conozco su respuesta.
 - Le preparé un sandwich, le va a gustar.
Le doy el lonche y el me hecha a la bolsa un mazapán.
 - ¿A qué hora vas a salir hoy mi niña?
Pregunta.
 - A las diez, más o menos.
 - Cuídese mucho, esas horas no me gustan. Yo voy a estar ahí a la vuelta en el coche, pa' que pase si necesita algo.
 - Gracias Samuel.. me voy porque tengo el tiempo encima!
Mientras agita su mano para despedirse corro unas cuantas cuadras más hacia el tren mientras me pregunto si su auto ya se mueve. Espero que sí, no lo he visto esta semana..
Don Samuel vive en su auto, larga historia.
Llego a la estación del tren a prisa, muy a prisa, después de haber rebasado y eludido a un montón de gente al cruzar el periférico. Pero entrando una mujer me pide cambio angustiada, y yo cargo monedas suficientes para ayudarla. La gente que dejé atrás me alcanza y me rebasa mientras le cambio algo de dinero a la mujer que ignoro cuanto tiempo llevaba ahí tratando de conseguir su pasaje. $7.00 pesos son suficientes para pasar por el torniquete.
El tren llega después de cinco minutos y el reloj en el andén da las 4:27 cuando abordo el vagón. Tengo menos de media hora para llegar a la bodega, imposible que llegue a tiempo. Trato de relajarme, saco mi celular y escribo unas cuantas notas. Al bajar del tren corro escaleras arriba en Juárez para alcanzar el autobús, tengo la molesta impresión de que irá doblando la esquina cuando llegue a la parada y por lo tanto lo perderé. Los pensamientos son asombrosos, pierdo el camión de la forma que pensé y luego me viene la idea de tomar un taxi.. Gastaré más dinero pero con suerte sólo me retrasaré 15 minutos y luego.. ¡a trabajar, como si nada! Pasan dos taxis delante de mi y no los tomo porque al volante van señores ya grandes y serios, no van a apretar el paso.. o el pedal. El tercer taxi lo viene manejando un moreno más joven, con gafas de sol y una amplia sonrisa ¡Me subo! Perfecto, en cuanto le doy la dirección se mueve a prisa, luego leo en la copia de su identificación que lleva en la ventana que es originario del D.F. ¡Lotería! Y lo dicho, después de 15 minutos estoy en la chamba, donde 15 minutos no me afectan tanto tanto.
Llego corriendo a la chamba, me cambio la ropa, cuelgo el sandwich que me quedaba en el gancho de David con el mazapán que me dio Samuel y me subo de prisa a la camioneta.
A las 6:45 P.M. Llega Santa Claus a una casa increíblemente decorada dentro de un fraccionamiento precioso en las afueras de la ciudad. Yo voy tras el cargando un montón de regalos para un montón de niños malcriados que no conozco. La posada familiar es aburrida, a Santa se le desacomoda la barba y nadie da las gracias cuando reciben su regalo. La noche cae sobre nosotros y la cantidad de luces navideñas por todos lados impide mi visión a la hora de recoger todo para irnos cuando el evento termina.
Mi jefe me pregunta de camino a la bodega sobre mis planes para la semana de vacaciones, y para Navidad.. Pienso ir al cine, y a mi pueblo, no sé qué más contarle. No, en realidad no tengo confianza para planear nada. Me siento incómoda con mi propia falta de espíritu fraternal decembrino y evito preguntarle a mi jefe sobre sus propios planes.
Soy libre de nuevo cuando dan las 8:40 P.M., me apresuro para pasar al super y alcanzar el autobús pero me dan las 9:30 en la caja de cobro, porque todo mundo lleva mil cosas y algunas personas en mi fila no acabalan puntos suficientes en sus tarjetas así que prueban con todos los créditos posibles de los que pueden disponer. Yo me pregunto a cuantos niños llevan tantos juguetes, o cuántos juguetes merecerá cada uno de sus hijos y qué se supone que significa merecer algo en Navidad.
Al salir de la tienda corro hacia la avenida con la impresión de que el último autobús de la noche está a punto de pasar y efectivamente, del otro lado de la calle está ante la luz roja mi oportunidad más barata de regresar a casa. Corro cuando los autos comienzan a avanzar, un chico atrás de mi me observa como si no pudiera explicarse por qué cometo tal acto suicida pero atravieso la avenida intacta y a instantes de la muerte y alcanzo mi autobús con una amplia sonrisa en la cara. Al tomar asiento pienso que si mi padre estuviera cerca me habría dado una buena regañada, pero respiro tranquila, ya voy a casa.
Don Samuel está dormido en su auto a las 10:47 P.M., ahora con una botella de licor en las manos, él dice que solo así soporta el frío de la madrugada. Algo me duele, aprieto los puños, la biblia está en el tablero. Espero que el sandwich lo haya reconfortado.
Llego a mi casa a las meras 11:00 P.M., no hay nadie en la cocina, así que subo a mi cuarto y ahí está mi mamá, en la ventana, triste. Le pregunto la razón por la que está así, me hace escuchar una entrevista a un hombre valiente, un criminal que tal parece teme por el destino de su vida.. No teme por que se le acabe el dinero esta Navidad ni está preocupado por los regalos que le dará a sus hijos. A su hijo acaba de perderlo, también ha perdido la confianza en su gobierno, ya no le queda más instinto que el de la defensa propia..
Mi madre dice que se siente envuelta en la historia de un libro como "Por quién doblan las campanas" de Hemingway. La comprendo. Guardamos silencio.
Me estremezco, la voz de aquel hombre fue captada al mismo tiempo que una familia adinerada abría sin importancia sus regalos de..
¿Navidad? ¿Qué es eso? ¿Qué estamos haciendo? ¿De qué nos estamos preocupando? ¿Qué rayos quiero hacer en realidad?
Creo que quiero tener una realidad, no una Navidad. Sí, sin luces, sin abrigo, ¿Qué importan esas cosas? Esto es México gente, aquí estábamos peleando hace no más de un mes.. Y hoy perdemos nuestro tiempo haciendo fila en el super, y hoy nos duelen los créditos y el des interés familiar..
Mi madre decide hablar sobre los estúpidos últimos asesinatos que hubo en mi pueblo, el 12 de Diciembre, la muerte de gente inocente a manos de narcotraficantes prepotentes que un día fueron simples vecinos, compañeros de la escuela.. Reconozco sus nombres, recuerdo sus rostros, no puedo explicar lo que ocurre en mi interior cuando pienso en todo ese pasado que más allá de haberse transformado, ha destruido los mejores recuerdos que tenía de mi tierra.
David envía mensajes, agradece la comida, dice cosas bonitas, se preocupa por mi día.
Me voy a cenar en silencio, me sirvo dos tazas de café, hoy no duermo, hoy es mi primera #NochedeDatos Porque nosotros no tenemos la culpa; tenemos la responsabilidad ¿Qué rayos estamos haciendo, si no peleando?

L perdida,
VISIT THE LIE

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