DADELOS
Bitácora del Peligro #106
Por Agatha Affaire
Ayer fue el día de hacer sentir mal a quienes
siguen esperando algo de mí. Venía esperando que llegara la fecha desde la
noche buena, cuando algo en mi corazón me decía que tenía que irme mientras me
sentía culpable de no haber estado en casa para cenar con mi madre, o de no sentir
ya mi conexión con Arash si no le ponemos codeína al vino.
Es sólo una pastilla por copa, su remedio para
que yo me relaje cuando estoy triste. Esos no son remedios, son trampas, ni siquiera
escapes…
Él se quedó dormido a mi lado, como centauro
que es, profundamente dormido como una bestia aletargada. Pero empezaron a
brillar los fuegos artificiales por la ventana mientras yo intentaba cazar
algún sueño y con los minutos se volvió imposible mantener los ojos cerrados.
“¿Qué sentido tiene esta soledad? ¿Por qué si
la siento tan dentro, es tan visible en todas partes? Este hombre está solo
como el primer día que nos vimos, y no está dispuesto a aceptar mi compañía más
allá de esto. ¿A caso ya no lo admiro tanto? ¿Es la humanidad que me conmovía detrás
de su porte militar, lo que ahora veo como cobardía? Ahora me lamento por él,
porque entiendo que seguirá tan solo como quiere, y como tanto le lastima.
Ahora, me lamento al entender que esta oportunidad de amar está perdida de su lado,
como si esto fuera más importante que los verdaderos dolores de mi pasado.
Seguramente mi madre estará llorando en casa recordando a su hijo, mi padre
estará en algún lado recordando que sería estúpido escribirme, y mis amigos
estarán brindando y cantando en algún sitio, quizá emborrachándose como imagino
que debe hacer mi hermano…”
Lloré tratando de no hacer ruido, conteniendo
la respiración como cuando era niña. Lloré de caer en cuenta, sollocé de
desapego.
Quise irme, quise salir de la cama, recoger mi
ropa del suelo, vestirme y huir… pero esta vez no iba ni a intentarlo. No es lo
mismo que hace 16 años, como cuando me iba de la casa en la madrugada a tocar
las ventanas de mis amigos, y mi madre podía o no darse cuenta. No, no podía
transgredir así contra la confianza que Arash ha depositado en mí. Además, en
noche buena ¿a dónde iría? Si no me quedé en casa para no ver llorar a mi
madre.
Solo podía hacer una cosa: entregarme en
cuerpo y alma, a llorar. Porque en mis adentros sabía que tenía que irme, pero
lejos. Aún con la pena de la mediocridad del momento, todo ese llanto me liberó;
porque este hombre tiene miedo de amar y culpa por seguir vivo, porque no puedo
hacer nada para que mamá deje de padecer el dolor de su mutilación, porque este
escenario no es relevante a mis causas, y porque ya no sé qué querría aprender
aquí.
Lo más sorprendente fue la fuerza con la que
pude levantarme a correr por la mañana, parecía una máquina, estaba furiosa. ¿Quién
sale a correr el 25 de Diciembre por la mañana? No encontramos a nadie más en
la calle y, por primera vez, empecé a contestarle a Arash con lo que en
realidad pensaba, fría y sarcástica como es mi naturaleza. Esa fue la mañana
más fresca y energizante de todo el 2024.
Viajar a Oaxaca sólo fue la primera escala en
una serie de dulces y ácidas decisiones que estaba determinando por mí, y que
en mi consciencia sabía que me podían llevar lejos.
Hoy es 1ero. De Febrero, ayer tenía que enviarle
mis entregas completas a mi intrigada Maga, Arash ya no soporta sentir que
prefiero trabajar que verlo y mi madre está llorando en su habitación porque
escuchó que hablaba por teléfono de libros y maletas con Bianjo. Estos seres no
lamentan no poder entenderme, lo que están observando sólo son las caras de su
soledad…
Bajé a cenar hace más de una hora. Mi madre
estaba en la sala y quiso discutir sobre mi trabajo, “que no me deja vivir como
a una mujer normal”, y sobre mi comunicación con ese muchacho “que me habla muy
bonito”.
- Eres como
tu padre, esquiva, infiel, y ahora piensas dejarme sola.
Y esta vez no le contesté con argumentos en
contra, por respeto a nuestras soledades.

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