La memoria es instrucción



Para jugar a la vida hay que recordar la historia de quienes soy.

El tiempo lo cambia todo, él que no cambia nunca.
Es algo que se, de tantas cosas que vine a aprender.
Porque me detengo y pienso que la historia es la razón.

Y la historia cuenta que antes de mis abuelos no era hábito tener el oro en las manos; no era hábito cubrirse el cuerpo de basura opulencia. Antes de que mis abuelos llegaran, a mis antepasados les gustaba tanto en pan que lo agradecían, lo compartían, lo partían sin tener que medir la mesa. Antes de mis abuelos la gente salía buscar; de la naturaleza en tiempos de provecho, no había desperdicios que encontrar. Antes de nuestros viejos el tiempo no se perdía, las nubes eran lo que se movía encima de todos y el poder de las bestias era lo más asombroso..

Esa vida simple de tradiciones y esfuerzo es la misma vida que me da vida a mí, y esa sangre proveniente realmente de no se donde recorre mi cuerpo y me hace cambiar como lo hace el tiempo.

Cuando yo nací los abuelos y la historia y las costumbres habían cambiado; mi familia perdió el pan y ganó ilusión dinero. Cuando yo nací, los ruidos no solo eran voces. Cuando abrí los ojos la vida había perdido luz, y había ganado brillo.
Para cuando yo nací, mi madre sabía llorar y mis abuelos se habían enfermado.
Cuando mi madre me tuvo en brazos por primera vez, experimentó el milagro y abrazó su naturaleza.
Cuando mi padre me vio, lloró sin tristeza y entendió al amor más allá de la vergüenza.
Mis abuelos celebraron, con su vejez me abrazaron y me llevaron a casa; me acostumbraron la inocencia, me enseñaron enseñaron a trepar el árbol, y un día su sombra se convirtió en mi paciencia.

Yo recuerdo que ellos confiaban en el tiempo, pero le temían a su salud.

Mi sangre, mi propia historia, mi tiempo y mi memoria; estuve allí la última vez que buscaron a Dios, y fui testigo del miedo de los demás. Escuché el llanto del amor y de la cobardía, y decidí por primera vez que hasta no entender por qué, yo no lloraría.

Los hábitos de la evolución, la siguiente lucha, la generación con la que crecí, que está acostumbrada a cargar oro en las bolsas pequeñas, y a regalar su tiempo, a intercambiarlo por papel; no porque sea papel, no porque sea importante, no por ser necesario apreciar que todo el tiempo es historia.

Mis hermanos olvidaron. Mis hermanos aceptaron. Mis hermanos se acostumbraron; ellos aprendieron a ambicionar la soledad, ellos confunden eso con la felicidad y ahora ellos confunden a la oportunidad con la exclusividad.
Ellos piensan, que quieren descansar sin tener que trabajar.

Las nubes y las estrellas le hacen falta al cielo, el pan y los compañeros hacen falta en las mesas, hace falta gente que deje de cambiar historia por dinero.
A mí me hace falta tinta, me hace falta casa, me hace falta edad..
Me hace falta lo que no ha llegado, no lo que he perdido; porque afortunada, me detengo y le doy a la historia la razón.

Mientras mis hermanos pierden todo, yo no he ganado nada.


L perdida
Que a veces no se siente tan perdida, cree que el valor no se gana, y que lo que se acaba no puede sólo perderse..

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