Cuando pierdes algo que no puedes remplazar..
Si necesito
llorar para reclamar que estoy sola, escucho esta canción en la oscuridad con
los audífonos puestos..
Un buen día(de verdad era bueno)nos
reunimos en un bar, todos juntos.. ya era de noche. Y yo me sentía de lo mejor,
estábamos juntos después de tanto tiempo sin vernos, fumábamos rodeados de
colores y risas.
Ella sonreía,
ellos sonreían y hablaban, y él..
¿Estaría pensando
él en mí? ¿Estaría ideando lastimarme? ¿Imaginaría que esa sería la última
noche juntos? o, simplemente no sabía como decirme que estaba cansado, ¿no
sabría cómo contarme que lo había hartado?
Tal vez lo había
intentado antes, a lo mejor me lo había dicho entre fogatas y lunas y no lo
había escuchado.
Seguramente lo
había escrito, y con un poco de atención la historia podría haber llegado a
alguna de sus canciones..
Ni siquiera noté
cuando su mirada cambió, la sensación de incomodidad era suprimida por todo el
amor que sentía.
Pues yo le
quería, y lo amo aún.
Ni siquiera
recuerdo qué tanto decíamos, esa noche era otra y ya, nada de lo que pasaba me
importaba más que estar juntos.
Pero el tono de
nuestras voces se alteró, queríamos que los otros escucharan que sabíamos
defendernos pero no usamos las palabras correctas..
Y el primero en
dejar la mesa fue él, dividiendo al grupo en dos.
Alguien le
siguió, y alguien más los siguió a ellos.
Yo estaba
sudando, no sabía qué pensar, y no dejaba de repetir que nada había pasado, que
al otro día nada habría cambiado..
Claro, yo mentía.
Esa no era una
buena manera de despedirse, porque yo tenía que salir del pueblo al otro día
por la mañana, y cargaba en la bolsa el boleto del autobús como si no me
importara.
Tonta yo, por que
me importaba.
Así que tuve que
dejar de fumar y apartarme de la mesa; sólo entonces noté que la mayoría me
apoyaba, porque hasta que dejé la mesa la noté vacía, pues todos los que se
habían quedado la dejaron conmigo.
La historia es
bien tonta, ninguno de los presentes estaba del lado de nadie. El único que me
llevaba la contraria era él, y manifestaba su inconformidad como si hubiera
planeado que así sucediera todo.
Los chicos
permanecieron conmigo en la mesa a pesar de que él se había retirado porque querían seguir fumando.
Con él se habían
ido un par de sensibles, los dos chicos que más nos querían y que estaban preocupados
por nuestra discusión.
Cuando salí del
bar estaban los tres en la calle, ellos tratando de tranquilizarlo a él..
Y si bien no
recuerdo exactamente lo que hice yo, estoy segura de que no me disculpé.
Me quise
disculpar minutos después, cuando ya era demasiado tarde y no valía de nada
pedir perdón entre burlas y mi risa tonta.
Todos se reían al
rededor de nosotros y nadie tomaba en serio ninguna de las palabras que salían
de su boca: que era suficiente, que no dejaría que lo lastimara de nuevo, que el
juego debía terminar..
Sí, recordé, ya
lo había dicho antes. Él me lo decía siempre, que le dolía..
Y nunca pasaba
nada, las cosas seguían igual y nosotros seguíamos jugando.
Las mentiras nos
envolvían, ya no sabía qué pensar.
Él estaba tan
desesperado, tan furioso..
Alguien lo quiso
detener, alguien quiso acercarse, pero los aventó a todos, luchó con ellos. Y
se fue caminando a prisa hacia su casa, que quedaba a unas pocas cuadras de
allí.
Yo no sabía qué
hacer, alguien dijo qué él sólo quería llamar la atención y su comentario me
complació. Sin embargo, por dentro tenía miedo..
Ese enojo en sus
ojos, yo sabía que ahora era más fuerte que antes.
Caminamos tras él
hasta alcanzarlo, hasta llegar a su casa, y no me permitió entrar.
Algunos entraron
a buscarlo, la puerta estaba abierta pero yo permanecí afuera, pues me pidió
esperar ahí.
Esperar..
Nadie podría
esperarme a mí, a que deje un maldito día los juegos de poder y me comprometa
de verdad con los demás.
Pero yo pude
esperarlo a él, rezando por que se tratara de una broma pesada o un malestar
ajeno a mí; yo podría esperar el tiempo que fuese a cambio de despertar un día
de un simple mal sueño..
Uno, dos, tres,
¡Despierta!
...nada de lo que
estaba sucediendo era un sueño, y sin demorarse demasiado el chico salió con
una caja llena de cosas mías, como cuando los novios terminan en las películas.
Estaba
desorbitado, completamente triste y muy molesto. Gritaba y lloraba, ya nadie
podía reír ante aquella desesperación.
Pero yo era el
foco de atención, tenía que ser diplomática y mantener la calma, tenía que
demostrarle a los demás que estaba bien..
No pude
demostrarle a los demás que podía resolver la situación, no supe que más hacer,
me aterraba saber que yo podía provocar algo así y al mismo tiempo, tenía que
sonreír y permanecer tranquila, escucharlo como si me estuvieran contando algo lindo.
Los suyos eran
gritos de dolor y gestos de desprecio; eso había conseguido yo, que colapsaba
en pánico por dentro.
Tendría que ser
un monstruo y no su amiga, para haber llegado a ese momento sin que fuera un
raro sueño.
Esa era la
realidad, y los demás me abrazaban como si fuera yo la que se estaba des
haciendo y pidiendo ayuda a gritos.
Mi orgullo no me
permitía llorar, yo nunca borré de mi rostro la cálida sonrisa ni volví a alzar
la voz. Yo fui una cobarde que se mantenía tranquila, como al margen, lista
para dar instrucciones a mis amigos si el chico no se tranquilizaba.
Traté de
disculparme por última vez, cargando la caja que él me había entregado, y los
otros también intentaron hablarle con calidez y angustia.
Pero era ya
imposible no sentirme una hipócrita, y él cerró la puerta de un golpe..
Al otro día
abordé un autobús con Luna a las nueve de la mañana, y después de cuarenta y
cinco minutos de viaje un trailer nos sacó de la carretera; por la tarde
estábamos en el hospital.
Tuvimos que
volver al pueblo envueltas en vendajes y con un shock nervioso que no nos dejó dormir Serían sólo dos días de reposo antes de intentar regresar a la ciudad.
En este punto de
la historia quiero agregar que, a pesar de sonar increíble, todos estos hechos
son reales. Lo digo porque, probablemente al final de la historia no habrá un
final feliz, y no puedo disculparme por eso, aunque quiera.
Luna y yo pasamos
dos días inmóviles en cama, y mi madre y mi hermano fueron nuestra única
compañía.
Todavía se me
abarrotan los pies cuando lo recuerdo, yo no quise que ninguno de mis amigos se
enterara del accidente.
¿Por qué?
Por él, por que
gracias a su dolor el accidente a mí no me había importado nada.
Yo estaba
completamente segura de que si él se enteraba de lo que me había pasado
correría a verme, sabía que no me dejaría sola e incluso hasta se habría
disculpado por lo de la noche anterior..
Y yo no quería
que él se disculpara pues no tenía razones para hacerlo. Y no quería que
volviera a demostrarme que también me amaba, por que ya no sentía merecerlo de
ninguna forma.
Sus ojos me
perseguían en el pensamiento, sus ojos que fueron capaces de atravesarme como
cuando se observa a un asesino. Sus ojos que un día me habían amado radiantes
de felicidad y me lo habían demostrado..
Le había dedicado
todo mi cariño a ese chico, nunca había confiado en nadie como pude confiar en
él, y terminé quemándose las entrañas con mis caprichos y mi ego.
Cuando regresé a
la ciudad, esperando que las cosas volvieran a la "normalidad" y con
la tenue y egoísta esperanza de que su opinión cambiara o que de menos yo me
olvidara del asunto, las cosas empezaron a ir de mal en peor y toda mi vida se
transformó de repente.
Gracias al
accidente tuve que dejar mis estudios de actuación, la mujer de mi padre me
corrió de su casa y terminé por mudarme a otra ciudad con un mediocre historial
depresivo bajo la manga y una contusión en el cuello.
El tiempo ah
pasado y la vida ah madurado, pero no lo eh vuelto a ver a él.
Algo por las
noches suele llevarme a pensar que esta historia no ah terminado y que todos
mis infortunios se han debido al problema de carácter que no eh querido enfrentar
y que me hace lastimar a la gente buena cada que me topo con ella.
El chico del
relato fue solo el detonante, el primero en la lista de personas maravillosas a
las que eh soltado de patadas como si no las amara.
Y estoy a punto
de cerrar tres años de la misma manera, sabiendo que soy una perfecta estratega
del encanto, de sentimientos alborotados y demencia emocional.
Al chico de la
historia le gustaba Coldplay, y ahora no puedo escuchar a esta banda sin sentirme mal.
¿Por qué lloro?
¿Por él? ¿o es acaso que me auto compadezco de mí?
Eh de llorar,
seguramente y como siempre, por cobardía.
Ahora te doy a ti
que estás leyendo esto las gracias por tu atención, por tu respeto y tu tiempo.
Esta es una historia importante, gracias por formar parte de ella..
L perdida
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