La Máquina del Tiempo
21 de Octubre 2013
Guadalajara, Jal. Mx.
El viernes lo vi
de nuevo, en el tren. Y ahora estoy completamente segura de que se trata de
él..
Pero qué ingenua,
si desde que le vi por primera vez hace unas semanas del otro lado del vagón
estaba segura de que era él, ¡Algo me lo decía! Tal vez mi mente dudaba, pero
una punzada, una sensación extraña me arrojaba hacia su lugar..
Y no, no me
acerqué. Me limité a verle, y me emocioné como niña pequeña, sentí una especie
de alivio que, se fue en cuanto el chico giró los ojos hacia donde yo estaba.
No se si pudo
reconocerme, mi cuerpo se paralizó mientras de tonta seguía planteándome la
idea de que tal vez yo estaba equivocada.. ¡Imposible! Era él. Y yo también
giré la vista, me perdí en el vacío de los túneles del tren y luego él se giró
hacia la puerta dándome la espalda.. Entonces deseé con todas mis fuerzas que
no se diera cuenta de nada, que no me haya reconocido (cosa que nunca habría
imaginado de mi parte).
Es, una historia
completamente distinta a la que hubiera imaginado.. aunque no deja de ser uno
de los posibles escenarios, algo que en realidad tiene sentido si lo pienso
porque, la vida terminó por demostrarlo.
Y lo eh
encontrado de nuevo, me doy cuenta de que lo eh encontrado cuando la
respiración se me corta.
Es él, el primer
chico del que me enamoré en la vida aborda el tren a la misma hora que yo y
bajamos en la misma estación. Yo le observo, pienso que es amanerado pero siempre
me gustaron los niños bonitos. Sólo ah de ser amanerado porque no parece más..
Y eso me gustaba
de él, porque fue siempre sencillo y sutil, educado y lindo..
Y no ah cambiado;
claro, unos centímetros más alto, ¡ya no estamos en la primaria! Las cosas tal
vez han cambiado, pero él sigue teniendo cara de niño y sonrisa de chico bueno.
Es un chico
bueno, le gusta usar sweaters tejidos y zapatos cómodos. Pero ¿cómo olvidar ese
rostro? Tiene la sonrisa más bonita que eh visto en mi vida, la que me gustaba
cuando era chiquita y no sabía describir.
Su piel sigue
teniendo el tono de la canela y su cabello sigue brillando..
Y yo, del otro
lado del vagón, con un corte de cabello asimétrico y despeinado, con las plumas
colgándome de las orejas y metida en mis tenis viejos. Mi morral de un lado,
mis labios rojos y mi cara de "odio a esta ciudad"..
De verdad quiero
pensar que no me ah reconocido. Ahora no sé si quiero hablarle, porque eh
cambiado y podría ahuyentarle. Y en el caso de que me me haya reconocido ya,
probablemente no quiera acercarse; a veces pienso que si yo fuera otra persona
y me topara a una chica como yo en la calle no me gustaría acercarme.
No quisiera que
se acercara, es todo.
Lo eh topado ya
unas tres veces, ni siquiera sé en que estación toma el tren pero de pronto
volteo y ya está dentro. La segunda vez que le vi viajaba con otro chico y tuve
la suerte de escuchar su voz, que tampoco ah cambiado.
Me gusta
observarlo, me gusta ver cómo va metido en sus pensamientos y juego a buscarle
el lunar que tiene en la cabeza. Me siento en el suelo detrás de otras personas
para que no me vea, pero noto que se da cuenta de que alguien le presta
atención desde algún lugar.
Cuando llegamos a
la estación, bajo por otra puerta, nunca por donde él lo hace, y lo persigo por
el andén hasta que llego a la salida y el continúa el camino para transbordar a
otra línea.
Si las cosas
fueran menos simples ya seríamos compañeros de viaje, yo habría ido a abrazarle
desde la primera vista con alegría; sería grato tomar el tren esperando
encontrarnos. Mi cabello sería más largo, portaría mi ropa con
"decencia" y nadie tendría que huir; eso ahora no me conviene, las
historia no es así.
Ahora,
precisamente hoy, tengo miedo de tomar el tren y encontrarlo sin poder
esconderme. Debo esquivar la hora, debo cuidar mi lugar y andar por la estación
sin detenerme a mirar a nadie.
Creo que, la
última vez me pudo ver mientras subía las escaleras hacia la calle. Espero que
no.
Aún puedo sonreír
y lanzar algunas mentiras, pero hay cosas para las que ya no soy buena, y tener
una conversación conmigo podría ser un intento mediocre por querer creer que la
niña de la primaria sigue teniendo problemas con las matemáticas y la
imaginación revoloteando en la genialidad.
Ya ven, un día la
imaginación se convierte en locura y las sonrisas se usan sólo para evitar
problemas. La vida bonita que llevamos se vuelve incómoda, la apariencia se
convierte en una estampa orgullosa de resentimiento y la historia deja de ser
algo que tu lengua pueda explicar sin trabarse.
Subir al tren y
sentirse como un fantasma encerrado en una cápsula de metal que viaja en el
tiempo a través de la ciudad, es una experiencia que deja secuelas en la
consciencia.
..necesitaba
contarlo, quiero dejar de pensar en eso y, simplemente alegrarme cuando lo veo,
y ya.
L Perdida
Comentarios
Publicar un comentario