Que bonita es la mañana en Guadalajara..
8 de diciembre 2013
Guadalajara, Jal. Mx. (Esto es porque Zapopan forma parte
en la Zona Metropolitana de Guadalajara)
Me meto en los pantalones, en los tenis, voy al baño, tomo agua, una cucharada de miel y estoy lista. A fuera todavía no hay sol, huele a pereza y a mareo, no es divertido salir a caminar con la frente pesada y los ojos cansados.. Pero después de saltar entre los primeros autos uno despierta, o por lo menos se entra en estado de alerta.
No tienes que ser un zombie de madrugada para correr peligro, anoche casi quedo atrapada entre dos autos que hicieron lo posible por no atropellarme cuando cruzaba la calle con rumbo a mi casa. Y ya me esperaba que algo sucediera, el viento sopla diferente cuando quiere advertir algo. Esa sensación es una de mis favoritas, la adrenalina, y antes jugaba mucho para conseguirla; me metía en problemas, algo que es de verdad sencillo, al grado de poner en peligro a quienes estuvieran conmigo.
Hace poco tiempo eso cambió, arriesgar o perder ya no me sabe a vida; ya no tengo que sentirme en peligro para recordar que estoy viva: el sol me lo recuerda cuando esta a punto de salir, cuando el cielo se ilumina y la gente comienza a salir apresurada de sus casas, la mayoría con miedo..
Veo salir a los niños, y los no tan niños, van a la escuela, cargando sus mochilas con el absurdo sentido de pertenencia sobre un montón de objetos que en realidad nada importan. Algunos llevan sus teléfonos en las manos, porque no se puede comenzar el día solo, eso da miedo, uno necesita cruzar palabras desde temprano aunque sea así, por medio del celular. Las otras personas, quienes se dirigen a sus trabajos, piden a gritos un poco de distracción para evadir por un momento que es temprano y ya están estresados..
Esta mañana ni yo quiero pensar en sonrisas, no me divierte este dolor de cabeza, solo quiero correr hacia el campo y tropezarme otra vez para aventarme al pasto y y así poder oler de cerca como se evapora el rocío de la mañana.
Mientras camino por una calle vacía me siento con la confianza de mirar al cielo, distraerme con el viaje helado y denso de las nubes, yo también. La verdad es que tengo que cuidarme, no mucha gente me conoce y aún huele a marihuana por todos lados. La policía recorre las calles y a esta hora cualquier adolescente sin mochila es sospechoso..
La policía me parece mas sospechosa, se imponen como delincuentes, me miran como a una perra, o como a una puta, y aun así quieren que los respete. Yo tengo que cuidarme, porque ignoro como funciona su ley aquí.
Cuando giro la esquina encuentro a un hombre intentando dormir en la banqueta, no quiere darle importancia a mis pasos, ni al amanecer ni a nada. La noche es difícil, cualquiera querría dormir todo lo posible hasta que llegue alguien mas a moverlo de ahí. No lo observo por mucho tiempo, me da miedo pensar que podría ser yo quien durmiera en la calle esta noche; no es por tirar drama, pero a cualquiera podría ocurrirle algo que lo deje en la calle sin previo aviso.
Mejor me concentro, cierro y abro los ojos rápidamente y tomo vuelo para correr hasta el final de la calle, a ver que tan ágil soy esta mañana. Mis piernas se mueven, al principio mis pies se sienten torpes pero si no me detengo podría dejarme de importar..
Corro y corro, brinco sobre el lodo de una calle sin pavimento y empiezo a sentir que el frió abandona mi cuerpo. Corro y esquivo llantas viejas, tubos oxidados y hasta ropa inservible que hay en el suelo. Corro hasta llegar al periférico, donde los autos no dejan de pasar y mi respiración alborotada me hace sentir picor en la garganta..
Fueron dos cuadras de velocidad, ahora si puedo sonreír, me parece que mi cuerpo se siente mas libre, está despertando.
Miro al cielo una vez mas, satisfecha; la luz esta llegando y no quiero perderme el viaje del sol sobre la ciudad. Cuando bajo la vista para comenzar a caminar, me doy cuenta de que hay personas en la parada del autobús observándome, metidas en su ropa con frío y con los ojos menos vivos que los míos. Y a pesar de estar contenta me apeno un poco, pero no quiero perder mas tiempo así que camino hacia el puente peatonal que cruza la carretera y lo subo.
Mientras apoyo un pie tras otro pienso en lo bonita que es la mañana en Guadalajara, y se que lo pienso con ganas de vivir ahí. La ciudad está mas allá, del otro lado del puente y hacia dentro, precisamente dentro del periférico. Yo vivo en Zapopan, el municipio de al lado, donde la gente adinerada vive en preciosos complejos residenciales, en casas amplias y cómodas con balcones de lujo desde los que uno puede ver un montón de cerros y cerros tapizados por completo de casas pobres en obra negra..
Uno pensaría que un día esas casas serán tan hermosas como las residenciales, pero la verdad es que sus habitantes ya terminaron la construcción y simplemente ya no les importa pintar sus paredes, cuidar sus jardines, tapar con vidrios las ventanas, nada de eso. Esas casas ya son viviendas promedio, ya son hogares porque hay una televisión a dentro, a veces hasta computadoras, servicio de cable, Internet, y en las mesas hay pan, carne y Coca Cola. En esas casas hay familias enteras donde todos tienen empleo y ganan mucho más dinero del que ganamos en casa mi madre, mi hermano y yo. Mi casa, un departamento rentado con dos habitaciones y un baño; qué trabajo me está costando sentirme en un hogar..
Camino por el puente como si quisiera atravesarlo, pero me detengo justo a la mitad. Y ahí me recargo en los barrotes del barandal para observar el cielo, el viaje del sol sobre la ciudad.
Con los minutos aumenta el ruido, se que en media hora el periférico estará congestionado de locos que creen en el horario.
Hay gente que sube y baja del puente, van apresurados, pero es imposible que me ignoren. Tal vez se preguntan qué hago allí, en calma, si acaso no tengo nada más qué hacer, si creo en el tiempo.
Si alguna buena, interesante alma, se acercara a preguntarme qué hago ahí y se atreviera a compartir conmigo algunos segundos, si me hiciera alguna de las preguntas que sospecho, le contestaría honesta que estoy perdiendo el tiempo, y probablemente lo haría con una sonrisa en la cara. Pero nadie lo hace, claro está que yo divago, porque todos están ocupados y yo soy una vaga irresponsable con quien nadie quiere perder el tiempo.
Por eso me concentro en el cielo y no en lo que ocurre a mi al rededor. De pronto pienso en un chico al que acabo de conocer: David hace parkour, capoeira, es humilde, peligrosamente inocente, su esencia es de barrio y su alma de luz, pura luz, él es pura energía. Pienso en él porque, sería bueno que estuviera aquí, acompañándome un rato para después irnos a brincar al campo; sería divertido.
Me enfoco en el sol, pareciera que el astro recorre el cielo en un salto desde la madrugada hasta el anochecer, un salto muy largo, porque el sol no sigue el tiempo que seguimos nosotros. De hecho el sol no salta, el sol no se mueve así, la tierra se mueve y nos movemos nosotros. Ese sol tiene una esencia que se queda con nosotros, la luz, en nosotros..
A David le gusta pensar que cuando está ausente, y aún cuando muera, su esencia seguirá brincando por ahí por donde suele brincar, por donde pasea, por donde corre; porque al brincar eres pura energía, y brincar es llevar más alto tu esencia, a donde mucha gente cree que no alcanzaría a llegar nunca.
Este tipo de cosas, los brincos y la vista en el cielo, son la distracción de los pobres.
Sería de lo más absurdo que alguien se detuviera conmigo, alguna de las personas que suben y bajan el puente, hay quienes hasta me, ¿me miran feo?
Probablemente crean que soy peligrosa.
Se dice, que todos los desconocidos son peligrosos, y más aquellos que no obedecen las reglas..
Yo no creo ser peligrosa por vivir sin tiempo, a brincos, caminando con rumbos distintos, o por subirme a un puente para saludar al sol. Yo creo que por eso soy pobre, pero no peligrosa.
El sol penetra en mis ojos mientras divago, los llena de luz y calor y me doy cuenta de que me arden, así que los cierro, aparto la vista, la llevo al suelo y ahí los abro de nuevo. Hay muchos autos bajo mis pies, ¿rechacé la luz del sol para esto? Llevo la vista al cielo una vez más, veo las nubes y me mareo, me siento con sueño y me limpio con cuidado un par de lagrimas que se resbalan por mis mejillas, de esas que no conocen la tristeza, de las otras..
L perdida
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